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Cultura, España, Personalidades

Cierra el Bulli

Muchos de mis posts hablan de españoles que han dado a conocer España por el mundo. Creo que no tenemos costumbre de hablar bien de nosotros mismos, salvo en un plan exagerado, algo quijotesco y poco serio, sin creérnoslo del todo. A menudo, salvo en ámbitos consagrados como el fútbol, me parece que los españoles esperamos a que se aprecie fuera algo de lo nuestro para apoyarlo y querer vendérselo al mundo.

Con Adriá y el Bulli, el españolito medio tiene sus más y sus menos, porque suele entender que “amigo del buen comer” es quien le gusta zamparse un cocido maragato en las tres sacrosantas fases y luego es capaz de tomarse el postre, el orujo y el café. Así que las creaciones minimalistas y sumamente artísticas (en la elaboración, la presentación y la degustación) de Ferrán Adriá le incomodan, más que otra cosa. Sin embargo, es imposible no reconocer y admirar la originalidad de su cocina como arte y estoy seguro de que, en su fuero interno, a la inmensa mayoría de los españoles les (nos) encantaría poder probar alguno de sus (iba a decir platos, pero no sé, no sé) experimentos culinarios, aunque solo fuera para reafirmarse con un “prefiero las croquetas de mi madre”.

Por fin ha llegado el día del anunciado cierre temporal del “mejor restaurante del mundo”, que ostenta el record de haber sido cinco veces número uno en el ranking de la revista británica Restaurant. En realidad, el Bulli nunca ha sido un restaurante normal y no solo por la comida, el precio o el hecho de que las mesas se sorteen: durante los últimos diez años, solo abría para cenar y solo durante 6 meses al año. Sin embargo, Adriá no atribuye a esto las pérdidas anuales de 500.000 euros. Fiel a su filosofía, tampoco considera lo de hoy un cierre, sino una transformación: volverá a abrir en 2014 en forma de think tank culinario y sin ánimo de lucro. La fundación elBulli planea becar a chefs para que trabajen un año en él y tiene la intención de compartir sus hallazgos por Internet. Adriá, frisando la cincuentena, se dedicará a hacer lo que más le gusta: investigar nuevas técnicas culinarias y desarrollar nuevos sabores.

Valores como la creatividad, la valentía, la originalidad, la innovación, suelen relacionarse con las manifestaciones artísticas, pero una buena dosis de ellos viene bien en casi cualquier ámbito de la actividad humana, incluidos los negocios.

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