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Small talk

Estudios de las universidades de Hamburgo y Lancashire sobre las implicaciones para la comunicación de las diferencias discursivas entre alemanes y británicos me han hecho pensar que cualquier interesado en trabajar, invertir o emprender un negocio en el Reino Unido debería obtener asesoramiento no solo legal y fiscal, sino cultural y lingüístico. Reproduzco un comentario muy ilustrativo de lo que quiero decir: «A los empleados holandeses del banco que trabajábamos en Londres se nos daba un memorando humorístico a tres columnas: frases utilizadas por los británicos, su interpretación por parte de los holandeses y lo que en realidad querían decir según los británicos. Por ejemplo, “no está mal” era interpretado negativamente y en realidad pretendía sonar alentador».

Los españoles al menos tenemos términos, como cháchara, para referirnos al tan británico “small talk”, un elemento básico de la interacción en inglés: hablar del tiempo, intereresarse por la salud del interlocutor y emplear circunloquios amables para mostrarse amistoso y parecer educado. Los alemanes ni siquiera tienen una palabra para referirse a ello y en muchos casos, según el estudio, lo consideran una velada forma de engaño, una «etiqueta de simulación». Invirtiendo la situación, una forma de hablar o comportarse muy directa puede ser considerada por los británicos como ruda y abrupta. Un británico reconoce la diferencia entre lo que se dice y lo que se quiere decir y lo considera encantador o humorístico, mientras que para un interlocutor no familiarizado con esta característica cultural, puede dar lugar a confusión y a una interpretación incorrecta de la situación.
Algunos ejemplos: cuando la alemana BMW compró la británica Rover, le llevó un tiempo darse cuenta de la magnitud real de algunas de las dificultades debido a que los directivos británicos empleaban eufemismos como «aquí parece haber algún problemilla» para referirse a cuestiones de cierta gravedad. O lo que podría parecernos un auténtico chiste a la inglesa, el anuncio del piloto Eric Moody al pasaje en 1982, tras sobrevolar una nube de cenizas volcánicas en Indonesia: «Damas y caballeros, les habla el capitán. Tenemos un pequeño problema. Los cuatro motores se han parado. Estamos haciendo todo lo que podemos para que vuelvan a funcionar. Confío en que no se sientan muy angustiados».

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