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autogestión, Cultura

¿Qué hacer o qué no hacer?

Hace un par de semanas, un colega sacó a colación un artículo del Telegraph y por sus comentarios me picó la curiosidad, así que decidí leerlo. Hablaba de una idea feliz a la que habían llegado por caminos distintos dos de los más influyentes gurús del management, Tom Peters y Jim Collins, respectivos autores de los best-sellers “En busca de la excelencia” y “Empresas que sobresalen”.

La idea es la siguiente: todos hacemos listas de asuntos pendientes y disfrutamos cada vez que concluímos uno y podemos tacharlo de la lista. Nos sirven para centrar la atención en lo que queremos hacer. Sin embargo, Peters y Collins afirman que es aún más importante hacer listas de lo que NO queremos hacer, incluyendo en ellas todo aquello que nos resta energía, nos distrae y mina nuestra capacidad de concentración. Decidir lo que NO vamos a hacer mejora nuestra productividad. El autor del artículo (D. H. Pink) afirmaba haberlo puesto a prueba con cierto éxito, con ejemplos como “no abrir el correo electrónico en las horas de más trabajo”, “no acostarme más tarde de las once”. Resumiendo: eliminando lo que no es importante, se hace patente lo que sí lo es. Así podemos centrarnos mejor en conseguir nuestros objetivos.

En realidad, el comentario de mi colega fue algo así como que “sí, tachar algo de la lista de cosas por hacer está muy bien, pero yo descanso más cuando decido que voy a aparcar una cosa”. Estoy de acuerdo con él en que la sensación de dejar de lado definitivamente algo que nos estorba para funcionar de manera efectiva es un gran alivio, al menos en el momento en que tomamos la decisión.

Creo sin embargo que la idea del artículo va más allá y puede ser útil tener una “anti-lista” como recordatorio de esa decisión, cuando se trata de hábitos que queremos abandonar, situaciones iniciadas por otros o cosas que hacemos por inercia. Por ejemplo, el segundo (o tercer) café, las llamadas improductivas o no deseadas, ir a comer a ese sitio que, aunque está más cerca de la oficina, tiene un servicio mucho más lento que el de dos calles más allá… Casi estoy decidido a probar el método.

Por supuesto, anotaré en mi lista de asuntos pendientes comentarlo más adelante, si es que tengo éxito.

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